SINADURAK

Iñaki Lizundia Alvarez

Sortuko kidea

Nuestra dependencia energética, el papel de Iberdrola-Repsol (I)

2022-11-22
EU

Es este un repaso sobre la política energética en Hego Euskal Herria. Vamos a abordar el ciclo que comienza en los años 60 para analizar sobre todo cómo se han tomado las grandes decisiones que afectan a la producción energética de escala, ya que han venido determinadas por los intereses económicos de la oligarquía y las empresas que forman parte del oligopolio energético del Estado Español.


Argazkia. Unsplash / Robin Sommer

 

Dos momentos claves que determinan el panorama actual: Años 60. La apuesta por el carbón, el petróleo y la nuclear y la década de los 90 y principios de los 2000. La sustitución del carbón por el gas. 

 

1. Años 60. La apuesta por el carbón, el petróleo y la nuclear

En la década de los 60 y hasta principios de los 70, el objetivo es el aumento de la capacidad de producción a gran escala para hacer frente al desarrollo industrial y al aumento del consumo energético.

Son momentos de régimen político franquista, en el que es la oligarquía la que concentra el poder económico y el control de todas las instituciones políticas. Esa oligarquía que tiene su centro en Neguri determina o toma directamente muchas de las decisiones del régimen franquista: pone alcaldes, procuradores en las Cortes Españolas, controla la Diputación de Bizkaia, la juntas de los puertos... y sus negocios más importantes son banderas de Estado: Altos Hornos de Vizcaya, Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya, Iberduero, Hidrola, El Correo Español.

 

Es la dictadura no sólo de Franco sino de la oligarquía de Neguri

 

Desde finales de los 50 hasta principios de los 70, el tema de la producción de energía a gran escala, es una cuestión prioritaria para la oligarquía. Por un lado el mercado eléctrico esta zonificado repartiéndose cada empresa el control de una zona concreta del mapa. Así, el control sobre Hego Euskal Herria está en manos de Iberduero, que hasta ese momento tiene su papel fundamental en la producción de energía hidroeléctrica, sobre todo gracias al control de los saltos de agua alrededor del rio Duero. El petroleo está controlado básicamente por un monopolio estatal llamado INH (Instituto Nacional de Hidrocarburos), y su marca empresarial CAMPSA.

 

En los proyectos de la oligarquía vizcaína para aumentar la producción de energía, se imponen sus intereses económicos, a través de tres apuestas: la producción de energíatérmica, nuclear y petrolífera

 

En los proyectos de la oligarquía vizcaína para aumentar la producción de energía, se imponen sus intereses económicos, a través de tres apuestas. La primera es la producción de energía térmica mediante el uso de carbón, con la construcción y puesta en marcha de tres grandes centrales térmicas: Burtzeña III (ampliación de la anterior térmica), Santurtzi eta Pasaia.

La segunda apuesta consiste en la instalación en Bizkaia de una refinería de Petróleo, Petronor en Muskiz. Para ello la inversión pública resulta clave, con la construcción del dique de atraque para petroleros en el superpuerto del Abra.

La tercera de estas apuestas se basa en la energía nuclear, creándose Nuclenor para poner en marcha la central de Garoña, y un plan de construcción de cuatro centrales nucleares: Lemoiz, Ea-Ispaster, Deba y Tutera.

 

Los oligarcas vascos tienen sobre la mesa un proyecto de la S.N. de Petroles d’Aquitanie, descubridora del campo bearnés de Lacq, para comercializar parte de este gas.

 

Cada uno de los proyectos tiene una gran envergadura. Ello supone, sobre todo, el control total de la producción de la energía y la subordinación de la política pública a estos proyectos. Un dato más para conocer esta época: después de la Segunda Guerra Mundial, una de las claves en materia energética es el aumento de la utilización del gas; sin embargo en los años 60 aparte de la explotación de un yacimiento en Araba, todavía en el Estado Español no hay una apuesta decidida por el gas.

Es más, los oligarcas vascos tienen sobre la mesa un proyecto de la S.N. de Petroles d’Aquitanie, descubridora del campo bearnés de Lacq, para comercializar parte de este gas. Sin embargo, esta posibilidad queda descartada por los intereses carboníferos y petroleros de estos oligarcas. De hecho, la base de la industria básica vasca también eran estos combustibles.

Nuclear, térmica-carbón y petróleo, esas son por lo tanto las bases de la producción de energía sobre las que sustenta la oligarquía su negocio energético en Euskal Herria, tanto para controlar el mercado como para imponer su modelo de capitalismo monopolista Español. Es un modelo basado en las energías no renovables y con un fuerte impacto medioambiental.

 

1.2. Evolución de la apuesta petróleo-nuclear

Desde los 60 cada apuesta energética tiene un desarrollo propio. La apuesta nuclear, con un coste medioambiental, una hipoteca de futuro y un peligro real de gran envergadura para la población, va a quedar condicionada con la lucha popular contra Lemoiz, evitándose un daño irrecuperable para nuestro pueblo. Si bien Garoña se pone en marcha en 1971, ha servido durante más de 42 años a sus negocios.

El uso del petróleo, gracias a la refinería de Muskiz, va ser un condicionante de la política en nuestro país. Este que fue uno de los grandes sueños de un grupo de conocidos oligarcas vizcaínos. Ha pasado de ser un proyecto local para refinar petróleo a un proyecto global de diferentes negocios, controlado por una de las empresas oligopolistas más influyentes en la toma de decisiones: el grupo Petronor-Repsol.

Petronor fue uno de los grandes sueños de un grupo de conocidos oligarcas vizcaínos

La refinería vivió momentos difíciles una vez concluida su construcción al conocerse la crisis mundial del petróleo de 1973. Sin embargo, va a reforzarse como negocio con su primera reconversión. El proyecto de construcción de FCC o craqueo catalítico a principios de los 80 le ha supuesto la multiplicación de sus dividendos económicos.

 

1.3. Iberdrola y Repsol van reforzando su posición

 

Además, durante los 80 se da todo un proceso económico y político, con la entrada del Estado Español en la CEE, hoy Unión Europea. El monopolio estatal del INH se reoordena para hacer frente a la liberalización. La apuesta política, de Estado, es la consecución de una empresa privada estatal que concentre el poder petrolero casi de forma monopolística para hacer frente al resto de empresas que puedan llegar al mercado español, lo que refuerza la posición de Repsol, como multinacional y empresa privada de Estado.

A la vez, Repsol ha ido poco a poco entrando en el accionariado de Petronor hasta que en 1989, con la venta de las acciones del BBV (Banco Bilbao Vizcaya), se convierte en el accionista mayoritario y el que toma las decisiones.

En el negocio eléctrico la principal fuente de producción y de beneficio durante todo este periodo en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa van ser la de las térmicas, sin olvidarnos de Garoña. En 1991 Iberduero e Hidrola se fusionan para concentrar el negocio eléctrico, y tomar posición ante la reordenación-liberalización del mercado eléctrico que empieza en los años 1996-1997, y que ha continuado durante las décadas de los 2000.

Es decir, en los 90, se consolidan Iberdrola y Repsol. Las dos principales empresas del oligopólio energético que van a ser decisivas en Hego Euskal Herria.

Son los años de reconversión de la industria vasca, una reconversión que también tiene su variable energética, ya que la industria básica del país, es muy dependiente del carbón y del petróleo. Un ejemplo es el cierre de AHV y su sustitución por la acería compacta, donde se da un proceso de reducción de plantilla y concentración de actividades de producción; donde la base es la producción de acero mediante acería eléctrica.

 

1.4 La crisis climática empieza a ser preocupación mundial

 

Un periodo donde las preocupaciones medioambientales irrumpen con fuerza, hasta plantear que este modelo de desarrollo lleva a un callejón sin salida a la población mundial. La preocupación por el colapso nuclear, ha tomado fuerza en todo el mundo y la apertura de centrales nucleares es cuestionada en la gran mayoría de los países del mundo.

También en 1979 irrumpe la preocupación por un nuevo colapso mundial: el cambio climático. En 1979, se celebra la primera Conferencia Mundial sobre el Clima que identifica el cambio climático como un problema global urgente. Ya entonces se hace un llamamiento a los gobiernos a afrontar este reto. Desde entonces, ha habido un gran número de conferencias internacionales para tratar el tema. En 1988 se realiza ya un llamamiento para desarrollar una convención marco para proteger la atmósfera. Esto desemboca en los acuerdos de Kioto en 1995.

En estos momentos se dan los primeros grandes avances en investigación y diseño de las energías renovables, sobre todo en la de mayor producción en escala: la energía eólica. Así en 1982 se construye el primer parque eólico de Europa en Grecia.

Una empresa vasca va a colocarse en una posición de partida interesante respecto a las tecnologías de la energía renovable. Se trata de Gamesa, que desde los años 90 está participada por Iberdrola. Para 1994 desarrolla su sección eólica inaugurando en 1995 el primer parque eólico de Euskal Herria en Nafarroa, concretamente en Erreniega.

 

Por lo tanto, la conciencia de que hace falta un cambio de política y una buena posición tecnológica de salida en energías renovables existe desde hace 30 años, pero para los intereses económicos las prioridades de negocio no son las renovables ni la ecología.

 

En la producción a gran escala de este periodo, toma importancia la utilización del gas natural de forma tardía respecto al resto de países que ya la vienen empleando tras la Segunda Guerra Mundial. Llegamos tarde incluso con respecto a otras partes del Estado. Fuera de la órbita oligarca vizcaína el negocio del gas ya se ha ido concentrado en otra empresa que comparte marco oligopolista español: Enagas.

 

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