ELKARRIZKETAK

Erria

Mirene Begiristain Zubillaga

"El ecofeminismo permite construir ‘alianzas rebeldes’ conjuntamente"

2023-11-23

Mirene Begiristain Zubillaga es Doctora en Economía y profesora en la Facultad de Economía y Empresa en la UPV. Su trabajo de investigación se enmarca en los sistemas alimentarios, desde el punto de vista agroecológico y feminista. Es autora de múltiples publicaciones. Recientemente ha colaborado junto a Blanca Bayas, Irene González, Mónica Guiteras, Ruth Pérez y Amaia Pérez Orozco en la elaboración de un informe que analiza los Fondos Europeos Next Generation en su aplicación en 5 PERTEs estatales [Proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica] que abordan ámbitos clave para la transición ecofeminista como son la salud, la energía, la alimentación, el agua y los cuidados. Además, es miembro de Biolur y el Instituto Hegoa y colabora con diferentes organizaciones agrarias en proyectos de investigación nacionales e internacionales. Actualmente colabora en un proyecto de producción colectiva en Getaria.


Argazkiak. FOKU

 

La mirada feminista a la economía implica una mirada crítica y una estrategia de transformación de pensamiento más compleja e inclusiva. En este sentido, propone analizar cómo tendemos a entender las limitaciones sociales y políticas de la economía hegemónica, visibilizando las lógicas que operan detrás de ellas. ¿Cómo se entienden estas limitaciones desde la economía feminista?

La economía feminista es un estudio crítico que intenta superar las bases de una economía centrada en lo masculino, en lo patriarcal, en la mirada androcéntrica; pone la atención en las construcciones sociales, tradicionales y plantea métodos para superar esas perspectivas, ya que la economía capitalista no es la única manera de construir economía. Nos permite entender el mundo de otra manera, en la que los procesos económicos son los que sostienen la vida y las desigualdades de género, que a su vez atraviesan la economía y las visibilizan. Esto en la práctica plantea cómo organizamos nuestras necesidades, nuestros trabajos, en el día a día.

La economía feminista sostiene que la economía son todos los procesos que generan y distribuyen recursos, que permiten satisfacer las necesidades que tenemos las personas a diario y que nos generan bienestar, pase o no por los mercados.

La metáfora típica es la del iceberg. Lo que está por encima del nivel del agua, lo que vemos, es la economía de mercado: ahí están el intercambio de mercancías o incluso los servicios públicos, el estado y las empresas. Pero toda esa otra parte que queda por debajo del agua, invisible, es lo que sostiene la vida, empezando por el medio natural, que es indispensable para construir los procesos económicos, además del trabajo que queda en lo doméstico y de la propia comunidad. Los proyectos del territorio se construyen desde la comunidad y todo eso no tiene un valor en el mercado.

Somos interdependientes y esa red interconectada nos permite ser diversas, nos permite conectar con nuestra fragilidad y poder apoyarnos en la comunidad.

 

“La economía feminista y la economía de género no son lo mismo”. ¿En qué se diferencian?

La economía de género se distingue principalmente en tres cuestiones de la feminista. Por una parte, la economía de género sigue restringiendo el análisis económico al mercado, a las dimensiones monetizadas de la economía. La segunda diferencia es que sí que le preocupa el género, pero no lo considera una construcción realmente categórica para el análisis de la socioeconomía. Y la tercera es que normalmente aspira a analizar desde una mirada más científica.

Nosotras entendemos que la construcción del conocimiento es social y político. Cuando realizamos análisis sobre la economía feminista, observamos las dimensiones heteropatriarcales que tiene el sistema económico actual. A menudo cuando se habla de economía feminista, se trata desde una perspectiva muy neoliberal y realmente a lo que se refiere es a una economía de género; no se plantea una transformación de todos esos eslabones que decíamos que quedan invisibles en el iceberg. La economía feminista no es añadir mujeres en el análisis.

 

«Una crisis económica que para mantener el crecimiento sigue una política extractivista, lo que hace es generar una mayor crisis ecológica»

 

El feminismo ha puesto los cuidados en el centro de todos los debates. Cuidado entre personas, autocuidado, cuidado de la naturaleza ¿qué peso tiene el cuidado en la economía feminista? ¿La economía feminista promueve necesariamente un sistema económico centrado en el cuidado?

La economía de cuidados es central. La creciente relevancia que toma la noción del trabajo en nuestra realidad diaria, inevitablemente, nos hace tener que remitirnos también a la noción de los cuidados. La economía feminista ha sido la que ha visibilizado las desigualdades de género, en muchos aspectos vinculadas con la economía y los cuidados. Hay elementos de alguna manera “ficticios” que hay que enfatizar en el sistema económico neoliberal. Por una parte, la división sexual binaria del trabajo y los cuidados genera que un género se convierte en privilegiado y prestigiado respecto a otro. Esto sucede con determinados tipos de trabajo: el trabajo doméstico, los cuidados, el trabajo no remunerado que se concentra principalmente en manos de las mujeres, etc.

Hay otros elementos ficticios que debemos tener en cuenta. La separación de lo público y lo privado: lo que está en el mercado es público, es lo que tiene valor, lo que construye la parte productiva. Lo privado, en cambio, es lo doméstico, lo reproductivo, lo que queda en un segundo lugar y que además es feminizado. Esto se lleva mucha parte de los tiempos de vida y en ningún caso se le da el mismo valor. Por eso es problemático plantear como sinónimos el trabajo y el empleo. El movimiento feminista ha subrayado el reparto y el reconocimiento de un gran número de trabajos planteados fuera del empleo que son socialmente indispensables para la construcción de la economía.

Por último, está la figura heroica vinculada al emprendimiento. Se plantea la figura de un trabajador independiente y autosuficiente, el exitoso homo economicus. Precisamente por el concepto de interdependencia que muestra la economía feminista vemos que estos son elementos ficticios. La individualización del sujeto económico relega los cuidados a lo privado, a lo no valorado, por lo tanto, la crisis del sistema de cuidados queda infravalorada.

 

«La economía feminista ha sido la que ha visibilizado las desigualdades de género, en muchos aspectos vinculadas con la economía y los cuidados»

 

Hay datos sociodemográficos, sociolaborales y socioeconómicos a tener en cuenta, como la alta tasa de envejecimiento, la carga que supone el cuidado de nuestras personas mayores, el envejecimiento femenino y las mujeres que trabajamos en el mercado laboral. Todos estos cabos sociodemográficos llevan también
a esta crisis del sistema de cuidados porque han sido las mujeres las que se han ocupado del cuidado.

Las políticas neoliberales han interrumpido el desarrollo de los servicios públicos en ese ámbito y esto colapsa nuestro día a día. Es fundamental salir de esa mirada de la familiarización y de la hiper-familiarización y subrayar las legislaciones actuales en temas familiaristas y racistas, como son la Ley de Dependencia o la Ley de Servicios Sociales, la Ley de Extranjería, el Régimen de Cuidadoras del Hogar… Todo ese engranaje sistémico no permite articular el cuidado de manera interdependiente y global. Al revés, las estrategias de desfamilarización se desarrollan privatizando y mercantilizando los cuidados.

 

Los economistas clásicos hacían referencia a la tierra como recurso y tenían un debate moral sobre la necesidad de la conservación de la naturaleza. La economía ecológica argumenta que el capitalismo explota y agota los ecosistemas poniendo en riesgo “todo lo vivo”. ¿Dónde pone el foco la economía ecológica?

La economía ecológica pone sobre la mesa la translimitación en la que vivimos actualmente. Como en la parte invisible del iceberg, la base son los sistemas naturales y estos están colapsados.

Ya en el 2009, un Instituto de Estocolmo marcó los 9 límites planetarios. Los datos actuales nos muestran que 5 de ellos ya están superados. Concretamente estamos hablando del cambio climático, de las emisiones de CO2, que son en este momento inabsorvibles por el planeta, por su limitación biofísica; la superación del límite de contaminación química, que se refiere a los elementos que nosotras vertimos a la naturaleza, como el glifosato, el amianto, etc.; los ciclos de fósforo y nitrógeno también están completamente superados; la forma del uso del suelo y la destrucción de la biodiversidad.

La economía ecológica plantea que la cuestión de la economía debe estar dentro de los límites biofísicos del planeta. Si no, los procesos socioeconómicos no son sostenibles. El planeta busca entonces sus propios “equilibrios”, poniendo en cuestión la supervivencia de muchas especies y entre ellas, la nuestra. Se está hablando ya de una sexta extinción.

La FAO establece que el 75% de la biodiversidad de las semillas ha desaparecido en cinco décadas. La economía ecologista habla de antropocentrismo. ¿Qué significa esto? Nos colocamos como especie en el centro, priorizando nuestras necesidades. La economía ecológica pone el enfoque en los sistemas naturales y el bienestar del conjunto de las especies. Al fin y al cabo, nosotras dependemos de la naturaleza, no al revés.

 

«Las políticas neoliberales han interrumpido el desarrollo de los servicios públicos en ese ámbito y esto colapsa nuestro día a día»

 

Aquí me gustaría hacer hincapié en tres matices: una, el cambio climático está relacionado con la biodiversidad, con la situación del suelo y en cómo gestionamos nuestros procesos económicos. Una crisis económica que, para mantener el crecimiento sigue una política extractivista, lo que hace es generar una mayor crisis ecológica. Se genera, por tanto, una retroalimentación de los procesos y esto es fundamental para el segundo matiz: tenemos que cambiar los procesos económicos desde la raíz, poniendo los sistemas naturales en el centro. Y un tercer matiz es que los impactos de esta crisis ecológica no son iguales para todas a nivel global. La solución no puede ser individual. La crisis ecológica es un problema global y hay que abordarlo desde esa mirada global.

 

Entonces, el interés de superar las desigualdades sociales debería de ser de todas, porque precisamente es un problema de todas.

La mayor dificultad que tenemos es en lo social. La economía es una ciencia social y desde ahí deberíamos de abordarla. El ecofeminismo plantea cómo construir movimientos sociales transformadores. En los últimos años ya se ha dado un cierto acercamiento entre el movimiento feminista y el ecologista, se han dado alianzas entre colectivos y perfiles diversos, que actualmente, abordan cuestiones que están en los márgenes y que la economía de mercado margina. El ecofeminismo permite construir “alianzas rebeldes”, mostrando los diferentes elementos que atraviesan a cada uno de estos movimientos, para construir conjuntamente.

Por poner algunos ejemplos, Etxaldeko Emakumeak en el agroecofeminismo, Bilgune Feminista con la crisis de cuidados y la propuesta de un sistema de cuidados público comunitario vasco, OlatuKoop con la economía social y transformadora, Marina Sagastizabal cuando nos habla del análisis de los tiempos… Estas son algunas propuestas muy vinculadas al análisis social y político y los movimientos sociales, que nos aportan propuestas muy concretas vinculados al ecofeminismo.

Por lo tanto, no partimos de cero: ya tenemos respuestas a esta crisis ecológica y de cuidados, aunque sigue prevaleciendo, una especie de reconversión en la economía neoliberal, verde y digital; y es desde ahí donde tenemos que construir alternativas a este capitalismo verde y digital que pone la vida en el centro.

 

IHOBE organizó en noviembre el Basque Circular Summit y dejó en evidencia que las empresas vascas de la CAV son referentes en Europa en cuanto a economía circular. Según los organizadores las empresas vascas están adelantadas a los requerimientos que establece la Comisión Europea y el impacto que tienen en la CAV supone el 1,12% del PIB. ¿Es la economía circular la alternativa?

Lo que plantea la economía circular es un cierre de ciclos. Plantea reducir residuos y reciclar materiales, considerando además que el planeta es finito. Pero no plantea transformar el modelo económico, porque sigue en la economía de mercado. No aborda la integridad de los procesos económicos, ya que no tiene en cuenta la crisis de los cuidados, la necesidad de los hogares o la necesidad de las comunidades para sostener los procesos económicos. Además, tiene en cuenta ciertos límites del planeta, pero no todos: los límites materiales para la construcción en la era de la economía verde digital son evidentes, como el extractivismo del litio o de otros materiales a nivel planetario.

Por lo tanto, la economía circular es una perspectiva necesaria, pero no suficiente. Estamos en un contexto de urgencia y el reto está en darle la vuelta al iceberg. La economía circular no le da esa vuelta. En el sistema alimentario, por ejemplo, no sólo se trata de la producción ecológica de los alimentos, es la relocalización del propio modelo de sistema alimentario, la regeneración de los suelos, las condiciones laborales dignas, el derecho a tomar decisiones sobre el sistema alimentario... estos aspectos que no los aborda la economía circular.

 

¿Qué solidez tiene la economía social y transformadora?

La economía social y solidaria plantea superar el modelo económico capitalista desde la perspectiva de garantizar una buena vida para todas. Ha construido su teoría desde la práctica de los modelos cooperativos vinculados al territorio. Desde Euskal Herria se ha hecho un aporte con la economía social y transformadora implementando una visión de construcción también de país. Ambos vectores van unidos.

La economía social y transformadora es un paradigma fundamental para la construcción del ecofeminismo, a nivel global y territorial. Esta nueva ola del cooperativismo vinculada al territorio nos permite construir proyectos desde la práctica, donde la construcción propia, identitaria y cultural vasca está en el centro; proyectos agroecológicos, proyectos vinculados a la tecnología, proyectos vinculados a los cuidados, como por ejemplo, el de Hernani. Estos proyectos abordan los problemas desde la intersección, desde cómo entendemos nuestras militancias para llevar a cabo nuestros cuidados, como organizar nuestras viviendas y nuestros barrios a través de cooperativas de vivienda...

El reto está en abordar y situar el modelo socioeconómico en estas necesidades cotidianas de alimentación, cuidado, energía, vivienda, incluso movilidad, y situar ese modelo socioeconómico dentro de los límites del planeta, vinculados a nuestro territorio.


¿Crees que estamos preparadas para revolucionar el sistema económico actual?

Hay grandes resistencias y esa es la gran preocupación, porque estamos construidas dentro de un modelo económico muy hegemónico. Incluso las propuestas alternativas que intentan construir otros modelos cotidianos, como comunidades muy localizadas, tienen grandes dependencias del modelo hegemónico.

Un reto fundamental debería de ser dar voz a los colectivos que hoy por hoy no son escuchados, los que están en los márgenes, dando centralidad a las y los jóvenes; deberíamos escuchar cuáles son las cuestiones importantes para construir una perspectiva de futuro, cuáles son sus expectativas, cuáles son sus valores centrales para ayudar a que se genere un modelo ilusionante y creativo.

Pienso que la creatividad, la ilusión y el placer son fundamentales para la creación de subjetividades colectivas. Desde ahí es desde donde quizás deberíamos de observar si realmente es posible o si estamos preparadas, y en la medida de lo posible intentar reconducir los procesos y proyectos económicos. Aún estamos un poco lejos para pensar que estamos preparadas para eso, pero no nos queda otra opción. Por eso, nos tenemos que concienciar de que ha llegado el momento y hay que abordarlo, ya que ese es nuestro reto, en este punto, como civilización.

Yo intento llevar a la práctica en el día a día; no tanto desde unos mensajes culpabilizadores, ni de presión, ni de fustigación, ni de culpa. La reflexión de ese futuro necesariamente tendrá que ser también justo y democrático, porque eso es lo que nos va a permitir visibilizar las alternativas que son realmente de futuro. Si no son justas y democráticas, además de ilusionantes, placenteras y colectivas, vamos a seguir construyendo márgenes, y en ese sentido, va a volver a ser insostenible, por ello, debemos decolonizar nuestras mentes. 

 

TWITTER